Más allá del sueldo: qué buscan los jóvenes en el mundo laboral

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Publicado el 22/09/26

ManpowerGroup Uruguay
ManpowerGroup Uruguay

Las nuevas generaciones eligen un trabajo teniendo en cuenta diversas variables. La estabilidad económica es fundamental, pero también ganan peso el bienestar, el aprendizaje, el desarrollo y el propósito.

¿Qué piden los jóvenes a sus trabajos?

Muchas veces se responde casi sin pensar: propósito, flexibilidad y bienestar. Pero, ¿esto es cierto? Sin dudas este trío se consolidó como una demanda al mundo laboral, sin embargo esto no significa que el sueldo haya perdido peso a la hora de elegir en qué organización desarrollarse.

La Encuesta Global de Generación Z y Millennials 2026, de Deloitte, asegura que la presión financiera tiene un peso importante en las decisiones profesionales. El costo de vida es, por quinto año consecutivo, la principal preocupación de estas generaciones: alcanza al 38% de la Gen Z y al 42% de los millennials. Además, más de la mitad de ambos grupos afirma haber postergado decisiones importantes de vida por su situación económica.

Este dato permite poner en perspectiva la discusión sobre el propósito: queda claro que la búsqueda de significado no reemplazó la necesidad de seguridad económica.

El salario sí importa

Para una persona que está comenzando su carrera, el salario no representa solamente un número en un recibo. Puede significar independencia, posibilidad de mudarse, acceder a una vivienda, continuar estudiando o proyectar una familia.

Por eso, las organizaciones que intenten atraer talento joven únicamente con discursos sobre cultura, propósito o impacto pueden encontrarse con una dificultad: esos atributos pierden fuerza si la propuesta económica no permite construir cierta estabilidad.

La discusión, entonces, no pasa por determinar si los jóvenes son materialistas o idealistas. Las condiciones económicas forman parte de sus decisiones y condicionan incluso qué trabajos pueden aceptar.

Sin embargo, en un escenario complejo, las perspectivas de los más jóvenes también lo son. Según la mencionada encuesta de Deloitte, las nuevas generaciones aparecen priorizando estabilidad, desarrollo de habilidades y bienestar por encima de una carrera basada exclusivamente en ascensos rápidos. Solo el 25% de la Gen Z y el 21% de los millennials dice preferir una progresión profesional acelerada, mientras que la mayoría opta por un crecimiento gradual o incluso por movimientos laterales que permitan adquirir experiencia.

Para muchos jóvenes, crecer profesionalmente no significa necesariamente ascender lo más rápido posible. Puede significar aprender, adquirir nuevas capacidades, tener autonomía, participar en proyectos interesantes y construir una trayectoria sostenible. En definitiva, quieren ganar empleabilidad.

¿Cuándo entra el propósito?

El propósito sigue teniendo un lugar relevante. De hecho, los datos de Deloitte muestran que el 96% de la Gen Z y el 94% de los millennials considera importante trabajar con propósito para su satisfacción y bienestar. Además, más del 40% de las personas encuestadas afirma haber rechazado ofertas laborales por no compartir los valores de una organización.

Pero hay una cuestión interesante: propósito no significa exactamente lo mismo para todas las personas.

Mientras para algunas personas tener propósito implica generar un impacto positivo en la sociedad, para otras es ganar dinero, mantener un buen equilibrio entre trabajo y vida personal o adquirir nuevas habilidades que les permitan generar ese impacto fuera del ámbito laboral.

Esta transformación obliga a repensar cómo las organizaciones presentan sus oportunidades laborales. El Barómetro Global de Talentos 2026, de ManpowerGroup, muestra que el bienestar, el sentido y la alineación con valores forman parte de la experiencia laboral de las distintas generaciones. En el caso de la Gen Z, el 78% de las mujeres y el 84% de los hombres declaran encontrar significado y propósito en su trabajo.

Conocer todo esto obliga a las empresas a preguntarse qué significa el desarrollo para las personas, qué beneficios valoran, qué condiciones les permiten trabajar mejor y qué esperan de sus líderes. También supone reconocer que las prioridades pueden cambiar con la edad, la situación económica, la etapa de carrera y las circunstancias personales.

La conversación sobre salario y propósito no debería plantearse entonces como una dicotomía, sino como partes que se complementan.